Frente al convencionalismo sofista, a través del cual las leyes y la moral se justificaban de forma que estaría bien aquello que estuviera acordado y mal lo que no lo estuviera, surge con Sócrates la teoría filosófica del intelectualismo moral.
Toda la filosofía griega, hasta el cristianismo (cuando se introduce el concepto de voluntad, es decir, el poder elegir cada uno si realizar lo bueno o lo malo), se va a guiar por el intelectualismo moral. Esta teoría va a asimilar bien con virtud, con bondad: el hombre no es bueno o malo, sino sabio o ignorante. Si conoces el bien ya no podrás hacer el mal, tendrás que hacer el bien.
Para Sócrates no tendría que existir las cárceles, ya que estas tendrían que ser escuelas que enseñaran lo que es el bien, para que así los reclusos no pudieran realizar el mal. Se puede distinguir entre el saber hacer algo y el saber en qué consiste ese algo: son dos formas de saber no tienen que ir necesariamente unidas. Sócrates demandaba un conocimiento del segundo tipo como garantía de las acciones buenas y justas.
Las creencias populares parecen contrarias al intelectualismo moral pues creemos que alguien puede conocer que algo está mal y aún así realizarlo. Para el intelectualismo moral la perfección moral es una consecuencia de la perfección del intelecto, de la razón.

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